Por primera vez se llevó a cabo la MonsePeña, un espacio donde la tradición y las costumbres se convierten en protagonistas. La familia monserratense se reunió y festejó el Bicentenario de la Independencia de nuestro País.

El Monse se preparaba para vivir una tarde histórica más en su larga vida, se realizaba por primera vez la MonsePeña, una fiesta patria llena de verdaderas tradiciones y costumbres criollas para trasladar a los presentes a los años en que nuestros criollos, luego de mucha lucha y sacrificio, lograron firmar el Acta de la Independencia.

En el Patio Mayor el escenario principal se dedicó a albergar más de una docena de números musicales y de baile, las guitarras, los bombos y los cantores desplegaron un excelente repertorio lleno de tradición. Artistas solistas, grupos de varios integrantes, parejas de baile y hasta una multitudinaria murga animaron la tarde.

Las galerías fueron el techo de numerosos stands que ofrecían una gran variedad de platos y postres típicos de la época colonial, donde los cocineros y encargados de todos los preparativos eran los mismísimos alumnos. Se podía probar y aprender a cocinar una variedad espectacular de comidas tradicionales.

Bajo un vetusto claustro monserratense funcionaba “La Pulpería”, una linda bodeguita que ofrecía asilo al sinnúmero de transeúntes que circulaban por todo el Colegio, mesas y sillas eran las principales anfitrionas que recibían a todos con la mejor predisposición. Allí se podía sentar a degustar una rica empanadita criolla con algo fresco para tomar.

Junto a La Pulpería se llevaba a cabo una exposición de Diseño de Indumentaria Colonial, se observaba mucha gente vestida para la ocasión desfilando sus vestimentas de la época.

En el Patio Menor se escuchaba el rugir de los hierros de la parrilla. Centenares de choripanes eran el atractivo principal del momento. Muchas personas hacían fila para no quedarse sin su almuerzo mientras alumnos del Colegio repartían escarapelas recicladas hechas artesanalmente con tapitas de gaseosa y pintura celeste y blanca.

También estaba el campeonato de sapo y metegol que hizo concentrar a más de uno para poder ganar. El campeonato reunió a un gran número de parejas que intentaron ser los campeones de la tradición en juegos clásicos.

La energía del duende se les había impregnado a todos. Alumnos de todos los años, Profesores, Preceptores, Personal No Docente, todos unidos bajo el manto sentimental del Monserrat.

Era una tarde única, una tarde llena de patria y tradición. Era una tarde donde uno se podía detener a contemplar la torre y detenerse a percibir las innumerables sensaciones vividas dentro de ese lugar, tantos amigos que nos acompañarán para el resto de la vida y que los conocimos acá, junto a la Fuente, en algún pasillo o en el curso. Camaradas monserratenses que entienden este pacto sentimental que une a cada miembro de esta gran familia que conformamos.

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