El Monse cumplió años y lo festejó junto a toda la Comunidad Monserratense en un multitudinario acto en el Patio Mayor.

Un sol brillante fue el que sorprendió al Colegio en el día de su cumpleaños. Aire puro y monserratense circulaba el 1° de agosto entre los anchos muros de la Virtud y las Letras.

El Monse, nuestro Cole, nuestra cuna de la adolescencia que nos ayudó formándonos como personas responsables y solidarias ante la sociedad, cumplió 329 años. Cuando escuchamos o decimos Monse no se nos atraviesa por la mente solamente ese edificio con la torre del reloj ni esa fuente de aguas cristalinas, se nos atraviesan recuerdos imborrables de nuestra cabeza, miles de momentos vividos junto a nuestros camaradas. Momentos de felicidad y de amargura que sin darnos cuenta nos fueron formando para que una vez fuera de esta maravillosa Institución, sigamos adelante con todas las ganas y herramientas necesarias para desenvolvernos en un mundo cada vez más complicado y heterogéneo.

El Patio Mayor fue el escenario principal para que monserratenses de todas las edades y promociones puedan homenajear a nuestro querido Colegio Nacional de Monserrat.

Numerosos alumnos del Coro y del Taller de Expresión Musical e Instrumentos, se preparaban para entonar bien fuerte canciones para que toda la gente presente le entregue un buen momento a sus oídos. Violines, guitarras, flautas y bombos fueron los encargados de brindar junto a los jóvenes músicos, un pequeño concierto musical para que los vetustos claustros se sientan especialmente agasajados en su día.

La mirada contemplativa de la estatua de Duarte y Quirós esbozó una sonrisa al ver a sus jóvenes condiscípulos presentes, cerca de él, acordándose de un nuevo aniversario de aquel Colegio que 329 años atrás fundó con tanto sacrificio y dedicación.

La mañana soleada, la centenaria palmera y la familia monserratense presente fueron oyentes privilegiados de las cálidas palabras del Preceptor de la Casa, Cesar Romero, y de los jóvenes del Centro de Estudiantes del Colegio.

Luego se hizo entrega del histórico Premio Caratti al mejor promedio de latín y griego; y se entregó una medalla muy especial, la del mejor compañero. En esos momentos los fuertes y duraderos aplausos aturdieron a la cálida ceremonia.

También hubo una persona que nos transmitió palabras muy especiales, el Ing. Alfredo Bayer, un egresado y enamorado del Monserrat que con lágrimas en los ojos y las palabras escritas en el corazón, nos brindó un sincero y motivador discurso.

Ya pasaron 329 años de aquel 1° de agosto de 1687 y el Monse sigue abriéndose camino en una sociedad cada vez más compleja, siempre sobre los cimientos de la inclusión y la integración para poder seguir educando firmemente en Virtud y Letras.

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