De Caroya

La estancia de Caroya fue adquirida en 1616 por los jesuitas y vendida en 1661 a Duarte y Quirós, quien la donó en 1687 al Monserrat. Su función principal era abastecer al Convictorio, producir para vender y ser el lugar de descanso y vacaciones de los estudiantes.

Con la extradición de la orden en 1767, muchos aprovecharon el caos que se originó y se apoderaron de algunas tierras de la estancia, lo que ocasionó, con el tiempo, serios perjuicios económicos. Desde entonces, fue cambiando sus funciones, y su uso y productividad estuvieron relacionados con las circunstancias históricas de nuestro país.

Hacia 1780, ya en manos de los franciscanos (al igual que el Convictorio), no solo había dejado de producir utilidades, sino que además ocasionaba gastos para mantenerla. En los umbrales del siglo XIX, con la preparación de las gestas revolucionarias, el Movimiento de Emancipación la transformó en Fábrica de Pólvora y Fábrica de Armas Blancas. Volvió a funcionar como casa de descanso para los alumnos del Monserrat desde que, en 1816, la fábrica cerró.

En el transcurrir del siglo XIX, siguieron las malas administraciones, lo cual incidió en la situación del Colegio. Casco y hacienda se deterioraron. Hacia 1863, se firmó un contrato de arrendamiento de la estancia, en el que se obligaba al firmante a sembrar el terreno, enviar frutas y leña para el consumo del Colegio, permitir que el Rector residiera allí en el verano y los alumnos pasearan por el campo y comieran frutas cuando deseasen.

En los años de la formación de las Repúblicas Modernas (últimas décadas del siglo XIX), y ante la llegada masiva de inmigrantes, el Doctor Nicolás Avellaneda (ex alumno), en ejercicio de sus funciones presidenciales, loteó parte de la estancia para cumplir su plan de radicación de colonos, y dio origen a Colonia Caroya, en 1878. Mientras se adjudicaban los lotes respectivos, la Casona funcionó como hospedaje para los inmigrantes.

En 1941, fue declarada Monumento Histórico Nacional. En 1964, el Gobierno Provincial la expropió.

Desde el año 2006, y con la intención de recuperar la memoria histórica y consolidar el sentido de pertenencia a una Institución y a su tradición, alumnos de séptimo y primer año, preceptores, docentes, personal de la casa y autoridades, evocan la Estudiantina Monserratense con la recreación de la llegada a la Estancia portando antorchas, con vestimenta de época, estandartes y la talla en madera de la Virgen Morena. Acompañados por actores, reviven el momento cuando eran recibidos en el casco de la casa por Duarte y Quirós y el Prefecto, quien lee el Reglamento interno que regulaba la convivencia, la oración y las tareas laborales. Recién entonces, por la pequeña escalinata recorren el patio, las galerías, los claustros….

Revivir esta añeja costumbre, volver a pasarla por las cuerdas del corazón, significa continuar llevando la Luz del Monserrat y mantenerla encendida, en la casona y en los espíritus jóvenes. Es no dejar que se extinga, haciendo pie en el pasado y proyectándola hacia el futuro.

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